
Marzo 2000
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Este primer número del 2000 lo hemos querido dedicar a la conectividad, es decir, a la propiedad que permite a nuestro software y hardware interrelacionarse con otros de su especie, aún cuando no estén conectados con ellos permanentemente. Sin duda el siglo XXI, quedará marcado por la conectividad; pensemos que cada vez que un documento se imprime para mandárselo a otra persona, está perdiendo una serie de atributos que implican el repetir cientos de tareas que podrían ser eliminadas.
En algunos sectores, como el bancario son muchos los avances conseguidos. Antes de la aparición de las normas de antiguo Consejo Superior Bancario, cuando se giraba un recibo, el librador, tras colocar los datos en su ordenador, imprimía un recibo físico por su impresora que llevaba al banco, aquí un empleado pasaba los datos al ordenador del banco e imprimía la documentación que acompañaba al recibo a la cámara de compensación donde físicamente se intercambiaba con el banco del librado, que de nuevo debía teclear todos los datos del mismo para enviarlo finalmente a la oficina del librado donde tecleaban el cargo en su cuenta. Con la norma 19 podemos generar nuestra remesa en el ordenador obteniendo el correspondiente fichero que enviamos al banco mediante un disquete o una conexión de banca electrónica, el banco lo procesa, mandando el cargo a la entidad del librado que procede a la impresión del recibo físico que manda a dicho librado. En todo el proceso ningún intermediario ha tenido que teclear los datos iniciales, con el consiguiente ahorro de costes, rapidez, y lo que es más importante, evitándose los errores que acarrea el introducir una misma información más de una vez.
La conectividad en suma nos ofrece estos tres beneficios, y en el artículo dedicado a este tema veremos como afecta a nuestros productos de gestión.
Hasta el próximo número.